El duelo es una reacción adaptativa natural, normal y esperable que se produce ante la pérdida de un ser querido. No debe de ser considerado una enfermedad. Representa un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que todos hemos de afrontar en un momento u otro de nuestras vidas.
El duelo es un proceso único e irrepetible, dinámico y cambiante momento a momento, persona a persona y entre familias, culturas y sociedades. El proceso de duelo aumenta la probabilidad de aparición de problemas de salud en la persona que lo padece: Multiplica por cuatro el riesgo de depresión durante el primer año, así como la posibilidad de presentación de ansiedad generalizada o crisis de angustia. El proceso de duelo aumenta la probabilidad de abuso de alcohol y fármacos y una proporción de entre un 10-34 % de los dolientes desarrollan un duelo patológico
Cronología del proceso de duelo:
El duelo presenta una importante variación dependiendo de las características de la persona en duelo, su situación personal y antecedentes, de “quien” es la persona fallecida para el doliente, de las causas y circunstancias de su fallecimiento, de las relaciones socio-familiares, y de las costumbres sociales, religiosas, de la sociedad en la que vive.
Fases del duelo
- Duelo anticipado (pre-muerte). Se inicia en aquellas personas que intervienen en el cuidado y atención del enfermo hasta su muerte .Se caracteriza por la ansiedad y estrés que el cuidado del enfermo genera. Predomina el estado de shock motivado por el diagnóstico y la negación de la muerte próxima de la persona amada.
- Duelo agudo (muerte y peri-muerte). Se caracteriza por el bloqueo emocional y parálisis psicológica. Predomina la sensación de aturdimiento, despersonalización e incredulidad. Produce momentos intensísimos y excepcionales, de verdadera catástrofe psicológica.
- Duelo temprano. Abarca el período desde semanas hasta unos tres meses después de la muerte. Se caracteriza por la negación, búsqueda del fallecido, estallidos de rabia e ira, y intensas oleadas de dolor y llanto, de profundo sufrimiento. La persona aún no es consciente de la realidad de la muerte.
- Duelo intermedio. Abarca el período de meses hasta años después de la muerte. Es un tiempo a caballo entre el duelo temprano y el tardío. No se tiene la protección de la negación del principio, ni el alivio del paso de los años. Se caracteriza por periodos de tormentas emocionales y vivencias contradictorias, de búsqueda, presencias, culpas y autorrepoches, donde continúa el dolor intenso que aparece en forma de en oleadas. Poco a poco se hace cada vez más consciente la realidad de la pérdida, apareciendo múltiples duelos cíclicos en el primer año (aniversarios, fiestas, vacaciones.) y la pérdida de los roles desarrollados por el difunto (confidente, amante, compañero ). Es un tiempo de soledad y aislamiento, de pensamientos obsesivos. Cominenza la necesidad de adaptarse a la experiencia de vivir sólo, y es frecuente no volver a tener contacto físico íntimo ni manifestaciones afectivas con otra persona. Finalmente los períodos de normalidad son cada vez mayores. Se reanuda la actividad social y disfruta cada vez más de situaciones gratificantes, sin experimentar sentimientos de culpa. El recuerdo es cada vez menos doloroso y se asume el seguir viviendo.
- Duelo tardío. Tras pasar entre 1 y 4 años, el doliente puede haber establecido un nuevo modo de vida, basado en nuevos patrones de pensamiento, sentimiento y conducta que puede ser tan grato como antes. Persiste el sentimiento de soledad pero sin alcanzar el carácter invalidante inicial. Se empieza a vivir proyectado hacia el futuro, no en el pasado.
- Duelo latente (con el tiempo). El estado interior es mas calmado y suave, menos doloroso. No obstante es difícil alcanzar el estado de preduelo. La aparición de estímulos recordatorios, reactivan el estado de duelo.
El Duelo complicado:
Criterios diagnósticos del "Trastorno por Duelo Prolongado" de Prigerson, Vanderwerker & Maciejewski (2007) propuestos para el DSM-V.
Criterios diagnósticos del "Trastorno por Duelo Prolongado" propuestos para el DSM-V.
Criterio A: Presentar a diario, al menos uno de los siguientes síntomas:
- Pensamientos intrusivos -que entran en la mente sin control- acerca del fallecido.
- “Punzadas” de dolor incontrolable por la separación.
- Añorar -recordar su ausencia con una enorme y profunda tristeza- intensamente al fallecido.
Criterio B :Presentar a diario, al menos 5 de los 9 síntomas siguientes:
- Estar confuso acerca de cual es el papel de uno en la vida, o sentir que se ha muerto una parte de sí mismo.
- Dificultad para aceptar la realidad de la pérdida.
- Tratar de evitar todo lo que le recuerde que su ser querido ha muerto.
- Sentirse incapaz de confiar en los demás desde el fallecimiento.
- Estar amargado o enfadado en relación con el fallecimiento
- Sentirse mal por seguir adelante con su vida (p. Ej. hacer nuevas amistades o interesarse por cosas nuevas).
- Sentirse frío e insensible -emocionalmente plano- desde el fallecimiento.
- Sentirse frustrado en la vida, que sin el fallecido su vida está vacía y no tiene sentido.
- Sentirse como “atontado”, aturdido o conmocionado.
Criterio C: La duración de estos síntomas es de al menos 6 meses
Criterio D Estos síntomas causan un malestar clínicamente significativo o un importante deterioro de la vida social, laboral u otras actividades significativas (p. Ej. responsabilidades domésticas) de la persona en duelo.
Referencias:
V. Landa Pretralanda. J. A. García-García. Fisterra.com. Guías Clínicas. Duelo
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