La experiencia de estar enamorado, es una de las más maravillosas que los seres humanos llegamos a vivir. Suele ser tan grata , que tiñe y afecta a toda la experiencia misma de quien la vive. De hecho los amantes suelen decir que ven el mundo de color de rosa. ¿Pero que hay detrás de la experiencia amorosa? ¿Dónde radica?¿Qué la produce?
Cuando dos personas se enamoran suele decirse que entre ellos ”hay química” y en realidad, el proceso de enamoramiento es el resultado de la acción sobre el cerebro y sistema nerviosos de un complejo cocktel de sustancias químicas. La antropóloga Helen Fisher, en estudios llevados a cabo con voluntarios en la Universidad de Rutgers, en New Jersey, comprobó que en el cerebro de los enamorados se activan dos áreas del cerebro: el Núcleo Caudado , una primitiva región del cerebro relacionada con el sistema de recompensa del cerebro , la excitación sexual, las sensaciones de placer y la motivación para el logro de recompensas. La otra es el Área Tegmental Ventral ,en el tronco del cerebro, lugar donde se produce la Dopamina.
Parece ser que el estado de enamoramiento, es el resultado de una compleja interacción entre diferentes sustancias químicas, neurotransmisores y hormonas, actuando sobre el cerebro y el sistema nerviosos.
Los doctores Donald F. Klein y Michael Lebowitz del instituto psiquiátrico de New York, como resultado de sus trabajos en sujetos que padecían depresión psíquica debida al “mal de amores”, formularon la hipótesis, que la sustancia química responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando nos enamoramos, era la Feniletilamina, una sustancia química del grupo de las anfetaminas.
La sospecha de que esta sustancia era la responsable del proceso surgió al comprorbar que las personas de su estudio, tenían una tendencia compulsiva al consumo de chocolate, al parecer un alimento especialmente rico en Fenilanfetaimna. Según su hipótesis, la tendencia compulsiva de esas personas a consumir compulsivamente chocolate era el resultado de un intento de automedicación para compensar el síndrome de abastinencia producido por la ausencia de dicha sustancia tras la pérdida del amante.
Además de la Felnilanfetamina, durante la fase de atracción, parece ser que intervienen otra serie de sustancias, entre ellas la Testosterona, la Adrenalina y Noradrenalina. La Testosterona sería la hormona responsable del incremento de la líbido y del deseo sexual, mientras que la Adrenalina y Noradrenalina, serían las responsables de la aparición de nuestro rubor, aumento de la frecuencia cardíaca y tensión arterial ante la presencia de la persona amada.
En la fase de cortejo parece ser que en el cerebro además de la acción de las sustancias anteriores,se produce un descenso de los niveles de Serotonina, y un incremento de la Dopamina. La acción combinada de todas esas hormonas, es lo Helen Fisher a venido a denominar el “colocón del enamorado”. Los bajos niveles de serotonina son los responsables de la conducta obsesivo-compulsiva observada en los enamorados, como pensar constantemente en la persona amada y hablar compulsivmente de ella. La Dopamina en grandes cantidades, además de aumentar los niveles de testosterona, está asociada a gran capacidad, de concentración, euforia dependencia, que son síntomas de adicción.
En la última fase, denominada fase de apego, es en la se forma el vínculo estable de pareja y en la que aparece el amor sosegado. La Oxitocina, hormona que también interviene en el proceso del parto y secreción láctea, también denominada hormona del amor, de la ternura, parece que interviene en el proceso, junto con otras como la Vasopresina en el caso de los varones, responsable del amor monógamo y formación de vínculos paterno-filiales.Además intervienen las Endorfinas, sustancias de naturaleza similar a la morfina, conocidas como opíaceos endógenos, responsables de la sensación placentera .
Por tanto debemos llegar a la conclusión, que las gafas que tiñen el mundo de rosa cuando nos enamoramos están más en la química de nuestro cerebro que en nuestros ojos.
Referencias:
Liebowitz, Michael R. (1983). The Chemistry of Love. Boston: Little ,Brown an Co.
Jankowiakk W.R, Fischer E.(1992)F.A cross-cultural perspective on romantic love.Ethnology














Comentarios
Colaborar en las tareas domésticas, no puede depender de que sientas o no ánimo.Imagínate que tu esposa hiciese lo mismo, o que ir a trabajar dependiese de tu ánimo. Colaborar en las tareas domésticas, creo que es responsabilidad de ambos miembros de la pareja, otra cosa es que culturamente al distribuirse los roles hayan sido atribuidas a la mujer.En el momento actual en que tantas mujeres se han incorporado al medio laboral, debería de ser una labor compartida.
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