|
Hola,
Acudo a usted porque una ayuda profesional cara a cara me resulta cuanto menos bochornoso. Mi problema sucede desde hace ya muchos años, desde siempre mi madre ha sabido decirme mis fallos, mis errores una y otra vez pero nunca mis glorias, según ella yo eso “ya lo sé”, aunque… ¿a quién no le reconforta unas palabras de ánimo? Todos los días, desde que se acuesta hasta que se levanta me critica, las 24 horas. Si no es por una cosa es por otra. Sé que le parecerá que hablo como una adolescente en la edad del pavo, pero lo cierto es que tengo bien cumplidos los 19 años. Mis notas me permitieron estudiar medicina, eché la solicitud en toda España, entré en Las Palmas de Gran Canaria (que es donde vivo) pero renuncié a esa plaza por irme a Salamanca (donde estudio actualmente y voy a cursar en un mes 2º de medicina). La razón por la que me fui (aparte de que es una universidad grandiosa) fue que deseaba alejarme de mi madre. No se puede imaginar usted lo que nos ayudó eso a ambas. Ha sido el año más feliz de mi vida. El caso es que cuando volvía, como regresaba poco tiempo no ocurría gran cosa, pero ahora, en verano, he regresado unos dos meses y medio y eso me está matando. Ya no recordaba lo mucho que me dolía que mi madre me dijese todo lo que hago mal (según ella es que eso sólo te lo puede decir una madre y las cosas buenas ya se saben y no hacen falta decirlas). Un ejemplo, se levanta por la mañana y yo ando desayunando: “No cierres de esa forma la nevera”, “No dejes todo tirado”, “Recoge ese pan”, “Trae una toalla que me voy a la playa… ¿pero por qué has cogido esa, la más grande?”… Y así todo TODO todo el día. Por lo más mínimo me dice algo.
Todo este… “machaque” psicológico es insoportable. Le doy gracias a Dios porque pronto volveré a irme a Salamanca y estaré en paz. Para incrementar el dolor, mi madre vive cerca de mi tía (su única hermana), siempre viene a mi casa cuando tiene oportunidad, y si estoy discutiendo con mi madre ella se suma a la conversación apoyándola, así ya son dos adultas contra una cría de 19 años. Para mi tía soy “una chulita” (palabras textuales) por haberme ido a Salamanca. Todo esto, ha creado en mí una baja autoestima y una falta de cariño y de reconocimiento por mis logros que intento llenar con lo que sea. A veces, lo llenaba con sexo (con hombres que sinceramente, poco me aportaban), pero últimamente lo estaba llenando con compras. Desde hace unos tres meses me he vuelto adicta a las compras, deseo comprar muchas cosas siempre y si me queda dinero en la cartera al final del día necesito gastarlo para estar tranquila, por supuesto después de ello me siento terriblemente culpable. Quiero solucionarlo pero no encuentro la fuerza.
Por otro lado tengo el mayor problema de todos. Una noche mi madre y mi tía (como de costumbre) se sumaron en una pelea contra mí, perdí el control. Me fui a mi habitación cogí una cuchilla y me hice cortes en las muñecas. Nunca he querido suicidarme, ni quiero. Me corto desde hace poco tiempo porque me alivia, por unos momentos. Es una especie de salida, sé que está mal y que es una locura cortarse para aliviarse pero no encuentro más salida. Quiero dejar de hacerlo.
Me pongo en sus manos, necesito que me ayude. Y por favor, absténgase de “hable con su madre” porque no funciona, ella ni siquiera me escucha, ni hablando con tranquilidad ni gritando.
No quiero ser una adicta a las compras, no quiero ocultar mis heridas, no quiero cortarme, necesito ayuda.
Atentamente,
María Ramírez
|