Que la infidelidad existe, es un hecho constatado. Trasciende mas allá de factores como la raza, cultura o religión, tal como señala la profesora Helen E. Fisher, del departamento de antropología de la universidad de Rutgers (New Jersey).
La Dra. Fisher que es autora de conocidos best sellers , como Anatomía del amor: historia natural de la monogamia, el adulterio y el divorcio o Por qué amamos: naturaleza y química del amor romántico, nos ofrece una explicación antropológica de la infidelidad y el porque se ha mantenido hasta nuestros tiempos.
Parce ser que la relación monógama, en nuestra especie, presentó desde el principio ventajas evolutivas, al garantizar un mejor cuidado de las hembras y su prole , pero tenía la limitación de reducir la variablilidad genética . La conducta infiel, vino a resolver el problema . La infidelidad tanto masculina como femenina ofrecía ventajas evolutivas. En el caso de los varones permitiría ampliar las posiblidades de extender su patrimonio genético. De la misma manera en el caso de la mujer, la infideldad permitiría aumentar la variablidad genética de su prole a la vez que garantizaba su cuidado.
Según sus planteamientos, evolutivamente se desarrollarían en el cerebro tres circuitos: Uno mediaría la atracción sexual y sería el encargado de la aproximación para el apareamiento. Otro circuito, permitiría concentrar toda la energía reproductiva en una sola persona, y sería el responsable del amor romántico y por último estaría el circuito que mantendría las parejas unidas mediante un lazo íntimo a lo largo del tiempo, el del cariño perdurable.
Estos circuitos pueden actuar como una unidad o por el contrario activarse independientemente, de manera que podría darse la posibilidad de sentir amor romántico por alguien a la vez atracción sexual por otra persona. Dado que la monogamia, como la infidelidad ofrecen ventajas evolutivas para nuestra especie ambas se han mantenido hasta nuestro días.
Las bases biológicas de la infidelidad, también han sido ratificadas a través de diferentes trabajos. El Profesor Hasse Wallun y su equipo, del Instituto Karolinska de Estocolmo en un trabajo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, informan en sus conclusiones, que los hombres portadores del alelo 334 que interviene en la elaboración de vasopresina, "son más propensos a la infidelidad y a mantener relaciones complicadas e inestables".
Parece ser que la vasopresina, hormona que se elabora de manera natural en los mamíferos, influye en la capacidad de estos en mantener una relación monógama estable.
Según declaraciones del propio Wallum en el periódico El País, los hombres portadores de este alelo "… duplicaban también la probabilidad de haber sufrido una crisis marital o de relación durante el último año, a diferencia de los hombres que carecían de esa variante. Las mujeres que se casaron o unieron con los hombres que llevaban esas copias del gen se mostraron menos satisfechas de su relación amorosa con relación a las que se unieron con hombres sin esa variante”.
¿Debemos concluir, atendiendo a algunas de las evidencias científicas y opiniones de algunos autores, que llevamos escrito en nuestros genes los motivos que determinantes la infidelidad?
Es muy probable que la respuesta sea sí, pero ello no viene a justificar necesariamente ni nuestras infidelidades ni la de nuestras parejas, y además no permite justificar nuestra conducta infiel, recurriendo al determinismo genético.
Los seres humanos ejercemos un control voluntario de nuestros actos. Las personas elegimos líbremente y sin coacción. Nuestros genes no establecen una relación de causalidad directa, sino de probabilidad de ocurrencia. De hecho la expresión de los mismos, son el resultado de complejas interacciones con el medio físico y socio cultural. En el caso de aquellos genes que intervendrían en la explicitación de determinadas conductas, su expresión estaría aún sometida al control voluntario que el individuo ejerce sobre si mismo. De hecho el propio Hasse Walum, ha señalado, que el efecto de esta variante genética es modesto "y no puede ser utilizado para predecir con ninguna precisión el comportamiento que tendrá un hombre en una futura relación.
La concluisón es simlpe, si es infiel o pretende serlo, no trate de justificar sus actos recurriendo a argumentos biológicos. Asuma simplemente su decisión. Ser fiel o infiel no es bueno ni malo. Otra cosa es lo que decida hacer su pareja si se entera. Si la decision que adopta es abandorle/a de nada servirán sus argumentos para tratar de persuadirle/a.


















