Los estados emocionales son modificables con el entrenamiento adecuado de manera que las personas pueden alejar los pensamientos y sentimientos que les conducen a la tristeza y angustia, y sustituirlos por otros que les conducen al bienestar.
Mediante técnicas de tomografÃa de emisión de positrones o resonancia magnética, se ha podido comprobar que determinados tipos de emociones negativas como: ansiedad, cólera o depresión, generan mayor actividad cerebral en la corteza prefrontal derecha, mientras que las emociones positivas como alegrÃa o satisfacción, generan más actividad en la corteza prefrontal izquierda.
Parece ser que la tendencia natural de las personas es a estar más alegres que tristes, pues existe una predisposición tanto genética como aprendida a la activación de aquellas áreas del cerebro responsables de las emociones positivas.
Mediante las técnicas indicadas el profesor Richard Davidson, director del Laboratory for Affective Neuroscience de la Universidad de Wisconsin, comprobó en un lama tibetano, que la parte de su cerebro responsable de la felicidad mostraba la mayor actividad obtenida nunca en un ser humano.
Considerando la meditación budista, como la base del cambio, Davidson entrenó a un grupo de personas sometidas a situaciones de estrés en el conocimiento y práctica de la meditación budista durante tres horas por semana a lo largo de dos meses. El objetivo era medir el impacto cerebral de esta práctica tibetana y descubrir si el cerebro del lama que habÃa hecho el descubrimiento anterior, era una excepción de la naturaleza o el resultado de su esfuerzo y perseverancia en la meditación.
Los resultados desvelaron un sensible desplazamiento hacia los sentimientos de felicidad asà como un inesperado fortalecimiento del sistema inmunológico de las personas que habÃan conocido y aplicado las técnicas de meditación budista.


















